Laura Seoane – Madrid.

Fat Years Spain

 

Aunque profundamente silenciados en su país, los casos de intelectuales chinos perseguidos por su propio Gobierno cobran cada vez mayor relevancia internacional. Anteayer, el autor Liao Yiwu fue distinguido en Alemania –donde vive exiliado tras pasar cuatro años en prisión– por su «independencia intelectual». Ayer, el artista Ai Weiwei, que pasó recientemente 81 días en prisión, depositaba parte de la multa que la Hacienda china le había exigido por evasión de impuestos, una sanción que él intepreta como una persecución política. Este hecho coincidía con la visita a Madrid del periodista y escritor Chan Koonchung, autor de la novela «Años de prosperidad», una ficción que carga duramente contra las políticas económicas del Gobierno chino y su implantación a través de la represión social. 


«Potencialmente censurable»
La obra retrata la sociedad china en 2013, próspera económicamente y al margen de la crisis que azota a Occidente. Lo que la mayoría de la población china no sabe es que lo ocurrido durante un mes ha sido borrado de sus memorias. «Es una metáfora de lo que sucedió en 2008.
Lo curioso es que en 2011 se impuso durante 30 días una dura represión para implantar medidas con las que salir de la crisis. Este tipo de campañas se han utilizado durante décadas en China, como ocurrió en Tiananmen en 1989». En 2013, la sociedad vive un momento de bonanza económica, pero nadie se acuerda de este fatídico mes, a excepción de una serie de personajes que intentan convencer a los demás. Al hablar en nuestro país, Koonchung no escatima en críticas al Gobierno chino, que, según él, de alguna manera ha traicionado su tradición. «Existe un dicho popular que asegura que “No hay que olvidar el pasado porque puede ser el mejor maestro”. Sin embargo, la versión oficial en la actualidad es que Occidente ha hecho mucho daño a los chinos y gracias al comunismo han logrado salir de esta situación», explica el autor.  

La novela salió publicada en Taiwan y, cuenta, «después muchos editores chinos se interesaron por ella. Cuando la leyeron, no me volvieron a llamar», añade. Esta controvertida novela de ficción tuvo un gran eco en medios internacionales, conscientes de su potencial censura. «Años de prosperidad» logró penetrar en el gigante asiático gracias a uno de los medios más controlados por un Gobierno muy preocupado por no permitir que se difundan las críticas a su gestión: la red. «Alguien la escaneó –asegura Koonchung– y consiguió introducirla en internet en China. Mucha gente se la descargó y, ahora, la leen a escondidas». 

Durante unos meses, algunas tiendas lo vendieron por internet. Ahora están cerradas. «Incluso han desaparecido las webs que hablaban de él», añade el autor, quien, sin embargo, todavía no ha sufrido en sus carnes la represión gubernamental: «Las autoridades no se han puesto en contacto conmigo; sigo trabajando de forma normal. Quizá de momento me haya librado porque se trata de una ficción que, además, se publicó fuera de China», añade.

 

Disidentes sometidos
Aunque, según el autor, la extensión de la censura en el país no se debe sólo a las acciones que realiza directamente el Gobierno. «Ahora es mucho más sofisticada. Sigue existiendo el sometimiento y la prisión para los disidentes del régimen, pero, desgraciadamente, la cuestión va más allá: en los últimos tiempos vemos cómo son los propios intelectuales o artistas los que se autocensuran porque van a recibir un trato muy diferente. Esta actitud la ha conseguido el Gobierno», asevera.

No ha sido éste el caso de Wei Wei, quien, como otros disidentes chinos, arriesga su vida antes de doblegarse a los imperativos del Gobierno. «Lo maltrataron desde el primer momento. Fue muy valiente. Lo que ocurre con él es totalmente inaceptable y da una imagen pésima de China», afirma. La represión cultural que vive el país asiático puede tener un alcance mucho más amplio que el estrictamente artístico. Según Koonchung, «a largo plazo desconozco como es obvio si el crecimiento económico va a tener esta tendencia ascendente. En todo caso, la censura va a jugar un papel muy importante, ya que la gente se cuestiona menos cosas cuando la economía va bien». Cabe suponer que, sin ningún tipo de crítica al Gobierno a su alcance, la sociedad china se queda sin recursos para oponerse a sus mandatarios y si la economía avanza, la sumisión será la actitud más instaurada entre la gente. 

La distancia que separa la ignorancia del olvido en esta obra es muy pequeña. De la misma forma que algunos personajes de la novela viven plenamente felices gracias a que no recuerdan lo ocurrido durante un desafortunado mes, la sociedad en China también es feliz porque la economía prospera y desconocen el precio que habrá que pagar por ello. Quizá una mirada a su propia historia pueda aclarar la pertinencia de su actuación económica, aunque Mao Tse Tung no sea probablemente el mejor ejemplo. «Se le quiere y se le odia por igual. 
Después de la revolución cultural se adoptó el capitalismo, pero todavía hay mucho de su ideología en el sistema. El problema es que no se han tenido en cuenta sus errores, sólo su fuerza para la liberación de las garras del imperialismo occidental. Se trata de una mezcla un poco retorcida», explica Koonchung.

 

La literatura perseguida
La nómina de intelectuales perseguidos en China no para de aumentar. Como vimos, Chan Koonchung todavía no forma parte de ello, pero no son pocos los escritores que la engrosan: Gao Xingjian, Liao Yiwu (en la imagen, abajo) Ran Yunfei y el Premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo (en la imagen, arriba). Defensor de los derechos humanos y de la democratización de su país, Xiaobo no pudo recoger el galardón porque cumplía condena en China de 11 años por incitación a la subversión.

 

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